Cerrar un almacén de campaña: palots, línea de calibrado y cámaras, por orden

Cerrar un almacén de campaña: palots, línea de calibrado y cámaras, por orden

Un almacén de campaña que echa el cierre no se vacía como una nave logística, aunque a primera vista se parezcan. Los dos tienen muelle, altura y volumen, pero el contenido no tiene nada que ver: aquí no hay racking con palés homogéneos, hay una línea de manipulación atornillada al suelo, cámaras construidas dentro de la nave, una sala de máquinas con equipos de frío, canaletas y sumideros en la solera, y una cantidad de palots que nadie ha contado nunca con exactitud. Vaciarlo bien es sobre todo una cuestión de orden, y ese orden se decide antes de que llegue el primer camión.

Primero lo que ocupa: palots, embalaje y producto

La primera fase es la más agradecida porque libera espacio de trabajo. Salen los palots de madera y de plástico, las cajas y cestas, el cartón, el film, las bandejas y todo el material de envasado almacenado para la campaña siguiente. Conviene separar aquí en lugar de más adelante: el palot de plástico en buen estado tiene mercado y demanda real en la comarca, el de madera roto va a su corriente, el cartón y el film salen por vías distintas y el producto no comercializable tiene su propio destino. Esta fase es también el momento de decidir qué se hace con el material de marca — cajas impresas, etiquetas, bolsas con logotipo — que en muchos casos conviene destruir de forma acreditada en vez de dejarlo circular.

Después la línea: calibradora, cintas y volcador

La línea de manipulación es el corazón de la nave y la partida que marca el calendario. Se desmonta por módulos y en orden inverso al flujo: primero la salida — envasadora, pesadora, mesa de expedición —, después la calibradora propiamente dicha con sus canales y su electrónica, luego las mesas de selección y las cintas de alimentación, y al final el volcador o la línea de recepción. Cada módulo tiene su bancada, sus pernos y sus conexiones eléctricas, neumáticas y a veces hidráulicas, y algunos tienen canal enterrado para el retorno de agua o de producto. Hay una decisión temprana que conviene tomar bien: si la línea es relativamente reciente, de fabricante conocido y se puede desmontar sin dañarla, tiene un valor de segunda mano notable y merece la pena invertir jornadas en desmontarla con cuidado. Si es antigua o el fabricante ya no da soporte, se desmonta para despiece y el acero se pesa con documentación.

Las cámaras: paneles sí, gas no

Las cámaras de conservación son construcciones dentro de la nave, hechas con panel sándwich, con puertas específicas, evaporadores en el techo y una red de tubería que llega hasta la sala de máquinas. Los paneles se desmontan y salen como corriente propia; las puertas, los raíles, los evaporadores y los conductos también. Pero hay una línea que no cruzamos: el gas del circuito frigorífico. Antes de que nadie desmonte un evaporador o corte una tubería, el refrigerante tiene que haber sido recuperado por una empresa acreditada para ello, que emite el documento correspondiente. No es un trámite opcional ni una precaución excesiva: cortar un circuito cargado es una infracción y, además, un riesgo para quien está debajo. Nosotros coordinamos nuestro calendario con el de esa empresa y no empezamos con la cámara hasta que esa parte está resuelta y documentada.

La sala de máquinas y lo que hay alrededor

Vaciada la cámara, queda la sala de máquinas: compresores, condensadores, cuadros de control, depósitos de líquido y la instalación eléctrica asociada. Aquí el criterio vuelve a ser el mismo que en el resto de la nave. Los equipos con valor se desmontan enteros y se valoran; los que ya no lo tienen se despiezan y se pesan; los aceites de compresor salen por su vía y con empresa acreditada. Alrededor suele haber además un pequeño taller, un almacén de recambio, un office y unas oficinas, con su mobiliario, su archivo en papel y sus equipos informáticos, que se tratan con destrucción acreditada cuando contienen datos o información comercial.

La solera, las canaletas y los sumideros

Aquí está la parte que decide la aceptación de la entrega. La solera de un almacén de manipulación no es una solera cualquiera: suele tener tratamiento superficial, pendientes hacia canaletas, rejillas y sumideros, y en la zona de volcado, refuerzos para soportar carga. Cuando se retira la línea quedan bancadas, pernos, canales abiertos y anclajes por todas partes. Se cortan y se sanean los pernos por debajo del nivel del pavimento, se pican las bancadas si el contrato lo exige, se rellenan y enrasan los huecos con mortero técnico y se limpian y se dejan libres las canaletas y los sumideros. Todo ello fotografiado antes y después. Es un trabajo poco vistoso que rara vez aparece en las ofertas del sector y que sin embargo es lo primero que revisa quien entra a recibir el inmueble.

Por qué el contrato manda también aquí

En estos almacenes la frontera entre lo que es del inmueble y lo que es del arrendatario es especialmente borrosa, porque las cámaras, las oficinas interiores, los muelles con abrigo, las tomas de agua y los refuerzos de solera suelen haberse construido durante la actividad. Algunos contratos consideran esas obras incorporadas al edificio y su retirada supone un daño; otros obligan a devolver la nave como se recibió. Hemos visto los dos casos en el mismo municipio. Por eso pedimos siempre la cláusula de devolución y, si existe, el acta de entrada, antes de definir el alcance. Desmontar una cámara que el propietario quería conservar cuesta lo mismo que dejar en pie una que había que quitar: la garantía retenida.

El calendario y la campaña

Hay un último factor muy propio de esta comarca: la estacionalidad. Un almacén de manipulación no se puede intervenir cuando el entorno está en plena recolección, porque el tráfico agrícola, los accesos y la disponibilidad de medios se complican para todo el mundo. Lo razonable es programar el vaciado en la ventana entre campañas, con las jornadas cerradas con semanas de antelación. Nosotros lo planteamos así siempre, entre otras cosas porque trabajamos desde Barcelona y un desplazamiento de esta envergadura no se improvisa. Si estás preparando el cierre de un almacén de campaña en Lleida o en la plana, lo más útil es que nos mandes unas fotos de la línea, de las cámaras y del patio, y que nos digas qué fecha de entrega tienes: con eso ya podemos decirte cuántas jornadas son y qué parte del trabajo corresponde a una empresa acreditada distinta.

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